¿Cómo ha podido suceder lo del Banco Popular?

Así es la pregunta que más me han formulado clientes y amigos en los últimos días. La entidad financiera ha sido comprada por la simbólica cantidad de 1 € por el Banco Santander con el fin de evitar su quiebra. La muerte del clásico banco español con 90 años de antigüedad es sólo otra manifestación de que las reglas del juego han cambiado.

Según el reciente informe sobre cambios estructurales del sector financiero publicado por BCE sobran bancos que no responden a las necesidades reales de las personas, empleados que no aportan valor añadido y oficinas a las que nadie acude. Pero la velocidad con la que transcurren los hechos es tal que cuesta asumirlo. Aquí algunas preguntas y respuestas claves sobre lo ocurrido.

 ¿Tengo mis ahorros en el Banco Popular, cómo me afecta?

Habría que diferenciar por tipo de activo en el que esté invertido el ahorro. Esta vez los clientes con cuentas corrientes y depósitos no se van a ver afectados. Aunque esto no tiene por qué ocurrir así en el futuro, como veremos más adelante.

Por otra parte, dada la ineficiencia de los reguladores y supuestos mecanismos de protección, desaconsejo plenamente confiar en un Fondo de Garantía de Depósitos que muy probablemente esté en déficit y no pueda devolver el capital a los clientes afectados en caso de una futura quiebra. Véase el caso de la intervención de Banco de Madrid (2015)…

Así pues, como ya se ha publicado en prensa repetidamente, los accionistas y tenedores de deuda subordinada lo han perdido todo, unos 300.000 afectados en España, de la noche a la mañana.

Los partícipes de fondos de inversión y planes de pensiones que contengan los productos anteriores también verán mermada su rentabilidad, aunque en mucha menor medida, debido precisamente al efecto de la diversificación de la cartera. Por último, los tenedores de deuda senior, clientes institucionales mayoritariamente, tampoco se verán afectados.

Ahora más que nunca conviene recordar el orden de prelación en caso de quiebra de una entidad financiera con la nueva normativa vigente. Los primeros que lo pierden todo son los propietarios (los accionistas), luego los acreedores subordinados, luego los acreedores senior y si con todo lo anterior no es suficiente se aplica quita sobre los depósitos a plazo fijo y saldos de cuentas corrientes a la vista.

¿Cómo ha podido suceder?

Entiendo perfectamente que una persona pueda preguntarse esto. La cantidad de noticias contradictorias publicadas en los últimos meses imposibilita la toma de decisiones con criterio basadas únicamente en lo que publican los medios. La cruda realidad es que, en esta gran obra de teatro, todos los actores mienten: El gobierno miente deliberadamente asegurando la solvencia y liquidez del banco días antes de la intervención; las firmas de valoración mienten aconsejando comprar acciones cuyo valor hoy es cero; los empleados del Banco Popular empujan a los clientes a endeudarse para comprar acciones conscientes del estado de salud de la entidad; la rigurosidad de los auditores PWC brilla por su ausencia; y, por ultimo, los supuestos protectores del consumidor, los reguladores y supervisores, transmiten el falso mensaje de que no hay de qué preocuparse porque la entidad supera holgadamente el último test de estrés al que ha sido sometida. Lo cierto es que el banco apostó irresponsablemente por el ladrillo en la época del boom inmobiliario y desde entonces la gestión ha sido desastrosa.

Ante este panorama la gente se pregunta: Si uno ya no puede confiar en lo publicado en prensa ni declarado por las autoridades ¿a qué nos acogemos?. Si tuviera que dar una respuesta académica diría que lo sensato pasa por revisar el balance y la cuenta de resultados de las empresas donde uno deposita e invierte su dinero. Pero hace falta tiempo, conocimiento y voluntad para interpretar correctamente los datos.

La inmensa mayoría de los clientes minoristas compran productos basándose en la “sensación” que les transmite la marca que los distribuye.

Este criterio lleva, por regla general, a dilapidar ingente cantidad de dinero que ha costado mucho tiempo y esfuerzo acumular. Particularmente, llevo desde noviembre de 2016 sugiriendo a mis clientes que deshagan todas sus posiciones en Banco Popular. Incluso les recomiendo que saquen su dinero de cuentas corrientes, pues con la nueva normativa europea de rescate bancario los clientes con depósitos y cuentas a la vista podrían llegar a perder dinero, algo que mucha gente ignora por falta de antecedentes.

Puesto que es imposible determinar si la información de la que disponemos (inclusive la contable) es verídica, sólo queda una respuesta a la pregunta anterior: Diversificación, diversificación y diversificación. Diversifique su patrimonio. Y cuando hablo de diversificar no estoy hablando de tener 100.000€ a la vista en cada entidad de su ciudad, hablo de sacar del balance del banco el dinero y destinarlo a cientos o miles de títulos de diferente tipo (deuda y acciones), de diferentes empresas e instituciones, de diferentes tamaños, de diferentes zonas geográficas, de diferentes sectores y cotizando en diferentes divisas. Obviamente a través de vehículos de inversión colectiva como fondos de inversión o ETFs.

Lo acontecido con el Banco Popular nos deja una importante lección: diversifique su patrimonio

Desde aquí animo a todas las personas a que se sometan a una “radiografía financiera” para descubrir si están incurriendo en riesgos innecesarios sin ser conscientes de ello. ¿Cómo hacerlo? Acudiendo a un especialista capaz de valorar el estado de su patrimonio y el nivel de correlación con sus objetivos, puesto que el dinero es en definitiva un medio más para lograr nuestras metas y sueños en la vida.

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